Bufu


Caos* :: Christine Buci-Glucksmann
Abril 29, 2008, 10:54 pm
Archivado en: Guattari, caos, caósmosis, subjetividad



“Se crean nuevas modalidades de subjetividad de la misma forma que un pintor crea nuevas formas a partir de la paleta de que dispone”

Que la subjetividad no sea ni una donación ni una identidad, sino siempre una “heterogénesis” múltiple, que el yo sea por él mismo y por los otros un “ser-nómada” mutante, que pueda escapar de los dos peligros de nuestro presente: la “reterritorialización conservadora” de todos los integrismos y la parcelación-división dolorosa de un sí fragmentado, sin imagen ni envoltura, definit de entrada una suerte de cartografía de la existencia donde las “maneras de ser” están siempre ligadas a “universos virtuales”. Quizás es por esto por lo que Caósmosis, el último libro de Félix, es también aquél que más me impacta: la actividad cartográfica funciona allí como un autorretrato de pintura, con toda su paleta de afectos y perceptos, de “carne sensible” y de “materia de lo sublime”. Porque esta subjetividad plural y polifónica estaba bien hecha/constituida de “ritornelos”, y la nuestra, amistosa y discontinua, está siempre extrañamente desarrollada “en otra parte”.

En Italia, en Roma incluso, en la amistad pasajera de Laura Betti y el recuerdo omnipresente de Pasolini. Incluso en París, en el que nos reuníamos, fuese militante o más festivo, Italia estaba siempre presente, como uno de los “universos virtuales” de Félix, una suerte de convivencia de gestos, de ritmos y de “formas de ser” donde los flujos siempre están cerca de las formas. En el fondo, en este autorretrato imaginario de Caósmosis, esta Italia-ahí sería a la vez “un foco enunciativo” y una suerte de “auto-alteridad” propia dispuesta a revelar los aspectos “caosmóticos” de la existencia. Frente al Estado francés, representaba una de las formas del “caos democrático”.

Pero toda caósmosis es como Janus, de doble filo, de doble cara. Si no se impulsan ahí “complejos de semiotización”, la caósmosis implosiona, banaliza el fascismo y engendra ese “imaginario de eternidad”, sin pasado ni futuro, propio de los medias. Por falta de diálogo y de polimorfia dinámica engendrando sentidos y singularidades, el cuerpo “caósmico” deviene puramente “caótico”, entregado a todos los prejuicios, los conformismos, los delirios y los desechos muertos. También, entre lo caótico y la caósmosis, aprovechando una palabra enteramente joyiciana, “la ósmosis” estética des-petrifica las subjetividades y los mundos, creando un modelo para la libertad y las alteridades renovadas.

Si la psicosis se exige un acceso directo y pathico a la caósmosis en el interior de una fractura y de un colapso del sentido -el modelo estético, puesto que trata entre el caos y la complejidad- sería todo a la vez el cristal y el porvenir. Porque la estética aquí no es solamente la de una obra, más bien las obras mismas testimonian, de Cézanne a Klee, de Malévitch a Eva Hesse, una doble extensión en “el ser-calidad heterogénico” y en “el ser materia-nada”.

La caósmosis estética es un nuevo modelo de complejidad que elimina todas las oposiciones binarias entre orden y desorden, sujeto y objeto, ser y estando, alma y cuerpo. Pliegue del infinito y del finito, maquina fractal, nos reenvía a un divisible de los afectos que roza siempre su indivisible. Aquí, la potencia estética del sentir, lo pático, es ontológico. Su orquestación, su ritmo y sus ritornelos alzan una verdadera “semiótica preverbal”, esas “sensaciones confusas que traemos al nacer” de las que habla Cézanne. Si bien en las grandes transversalidades de dominios abiertos por Caósmosis, esta estética del sentir donde la forma se inventa en cosmogénesis, en bloque de afectos-perceptos, en pluralidades de universos reales y posibles, se explicita en una cartografía ontológica donde la infancia es ese territorio primero que no nos pertenece nunca y donde la existencia se es negociada una primera vez sin nosotros. Esta potencia del “eterno retorno al estado naciente” propia en el arte, donde todo es “siempre empezar desde cero al punto de emergencia cósmica”, se parece para mí, a Félix. Una gran mirada azul-verde de infancia preservada, una capacidad siempre renovada de crear subjetividad, de salir de la grisalla por un devenir otro, intenso, multiplicando imágenes y acontecimientos.

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*Traducción realizada por Bufu del artículo de Christine Buci-Gluksmann, Caos, publicada en la Revue Chimères.



Safrika o lo silvestre
Abril 28, 2008, 10:21 am
Archivado en: poesía, underground

“Me cuesta mucho sentarme “a escribir”. No tengo esa constancia del escritor, yo lo hago por impulso, una especie de click, muy rápido.”


Safrika

Trataré de ser breve y conciso. La poesía de Safrika no tiene nada que ver con Safrika. Es Safrika quien llega a ser el propio movimiento de una poesía.

Desde que conocí a Safrika (desafortunadamente aún no en persona) una apertura de lanzamiento se insertó en mi cerebro-pantalla. Recuerdo haber leído los poemas recogidos –o lanzados- en su web “Safrika se peina y se despeina”, y he aquí que el peine ha resultado ser también peine para despeinarse sin necesidad de tenerlo en la mano. Peinarse y despeinarse, ése es el movimiento de Patricia, o más bien de Safrika o más bien de ese cabello.
En cierto modo, lo que Safrika ha introducido en el panorama de la poesía net-underground o simplemente suzia es un movimiento de extraño infinitivismo, de partículas infinitivas insertándolas en la cópula. Como resultado, una disposición de poemas en los que el sexo y el erotismo no son motores sino motorizados a través de pronombres personales que se confunden entre sí y éstos a su vez motorizan acoplándose a las líneas escondidas del poema. Es precisamente esta continua confluencia de llegar a ser otro y que no es de ningún modo personalizable.

Parece que en Safrika hay un componente de constante querer poner orden. Se espera que el poema ponga algo de orden después de dejar tras de sí un elenco de imprevistos saltos. Safrika tan solo quiere poner un poco de orden sus poemas salvándolos del caos. Curiosamente los poemas de Safrika no tienen nada que decir (a diferencia de los que aún siguen anclados en la Significancia), la cuestión sería más bien “¿Has sido afectado? ¿Contagiado? ¿Deslizado? ¿Ha generado algo el poema?”. Una cuestión múltiple.

Creo que muchos hemos sido afectados por sus poemas, y puede que retengamos temerosos e incluso nerviosos (como un niño que espera su turno para balancearse en el columpio) algunos fragmentos de no importa qué poema en concreto. Por supuesto hay otras Safrikas, pues ni siquiera Safrika es idéntica a Safrika y ni siquiera las otras Safrikas piensan constantemente en una inmutable Safrika de la cual tomar ejemplo. Al final, un contagio, incluso imperceptible, pero al final un comienzo. Después de haber sido afectado a través del otro lado de su espejo, sólo puedo agradecerle que dispusiera en mí un acceso indirecto a un territorio en el que la poesía todavía es libre, todavía es salvaje (con ligera complicidad y de una forma terriblemente bella y violenta).

Safrika, reitero, es otra-otras, nadie que pueda ser sometida a la señalización con el dedo índice. Si a Safrika se le dice: “Eres tú”, ella balbucea…”Yo…eh…Yo…eh…” y sonríe. Esa suspensión de la sonrisa nerviosa implícita entre el “Yo” y el “eh”. Safrika es puro afecto al peinar y despeinar el cabello que siempre se desprende del cerebro.

*Blog de Safrika.



Verdad y Moral metódica
Abril 27, 2008, 11:31 pm
Archivado en: foucault, ontología, pensamiento

La verdad como error

Fuera introducciones y demostraciones a través del Método Científico-Filosófico. Golpeémonos en esta zona concreta. La verdad es un error. Error en el proceso, error ante el proceso. Proceso de disposición enunciativa. No supongamos que esto que escribo encubre una cierta Verdad. Imaginemos tan sólo un misil tierra-aire que se acaba de lanzar. Lanzar, este acontecimiento ni es Verdadero ni es Falso. Aniquila la dualidad desde su transversalidad donde se inscribe. La Verdad debe justificar todo lo dicho, hecho y sentido. La Verdad necesita instaurarse como Juez Supremo ante el Tribunal de la Razón. Sometimiento. Es un error, y se paga caro. Una vida no se somete, no totalmente. Huecos. Jerarquía de los Verdaderos. Y entre cada Verdad y Falsedad opresoras, zonas de inmanencia que resuenan y le hacen burla. La pirámide es el gran paraguas, puede que ahora tal paraguas haya mutado a sombrero hongo. Nos cubre la cabeza. De cualquier forma, no cubre las orejas, boca, nariz, ojos, ni toda la superficie dérmica.

Tenemos detrás ese fantasma ese fantasma que nos advierte: “Asegúrate de que eso es verdad-Verdad”. Inquisición subliminal. Advertencia, si, pero… ¿no será porque la Advertencia quiere desacelerar el movimiento y sembramos en el campo coordenante Verdadero-Falso? ¿Acaso no nos quiere situar ahí precisamente a modo de una estrategia para dar jaque rey?

Algo debe haber tras esta Advertencia, más allá del posicionamiento. Códigos de conducta. Directrices. Senderos asfaltados de moralina.

Entendemos entonces que, genealógicamente, se desvele la relación cuyos términos son intercambiables en la dualidad Verdadero/Falso > Verdadero/Bueno > Falso/Malo. Eliminación de las intensidades y gradaciones que se petrifican en el cuerpo. Todavía la pregunta de si en este texto subyace una Verdad, a modo de necesidad. Todavía en la coordinación binaria. Este texto es a-moral, a-significante, a-necesario. Este texto surge de la tierra, sonríe a la lombriz mojada y vuelve a enterrarse y, si tiene suerte, conecta y baila impercetiblemente underground.

Hay gallina y huevo. Hay Moral y Verdad. Tenemos la opción de puntualizar verdades que no se organizan, sino que fluyen y se inscriben en el cuerpo poblado por intensidades. La verdad inorgánica es el punto de vista que surca el movimiento en un segmento concreto. Por el contrario, la Verdad (organizada, jerárquica, aristocrática, “culta”) somete cualquier movimiento a una línea vertical que lo corta y lo aísla. Macabra amputación. Ese desgraciado y antipático corte analiza la intensidad X en el momento M, y observa su tabla de medición de Verdad, cuyas X son todas iguales y cuyas M se desvanecen en la cronométrica que se mira vanidosamente a sí misma.

Podríamos decir que, la Verdad instaura un modelo de bucle coordenante. La Verdad es establecida por la imagen del pensamiento que se responde a sí mismo gracias a una pregunta cuya respuesta ya estaba contenida en la interrogación. Si lo que es Verdad hoy, mañana es Falso, sólo tiene que cambiar las coordenadas de su bucle e instaurarlo como Fundamento-Base e inscribir, a partir de lo Falso en lo que prevalece su relación con lo Verdadero, la nueva Verdad.

En estas circunstancias, intuimos un hedor que cuestiona activamente aunque sea por unos “segundos”, este Fundamento-Base o Fundamentación-Básica. ¿Cómo salir pues, del bucle? Reiniciando la máquina.