“Me cuesta mucho sentarme “a escribir”. No tengo esa constancia del escritor, yo lo hago por impulso, una especie de click, muy rápido.”
Safrika
Desde que conocí a Safrika (desafortunadamente aún no en persona) una apertura de lanzamiento se insertó en mi cerebro-pantalla. Recuerdo haber leído los poemas recogidos –o lanzados- en su web “Safrika se peina y se despeina”, y he aquí que el peine ha resultado ser también peine para despeinarse sin necesidad de tenerlo en la mano. Peinarse y despeinarse, ése es el movimiento de Patricia, o más bien de Safrika o más bien de ese cabello.
En cierto modo, lo que Safrika ha introducido en el panorama de la poesía net-underground o simplemente suzia es un movimiento de extraño infinitivismo, de partículas infinitivas insertándolas en la cópula. Como resultado, una disposición de poemas en los que el sexo y el erotismo no son motores sino motorizados a través de pronombres personales que se confunden entre sí y éstos a su vez motorizan acoplándose a las líneas escondidas del poema. Es precisamente esta continua confluencia de llegar a ser otro y que no es de ningún modo personalizable.
Parece que en Safrika hay un componente de constante querer poner orden. Se espera que el poema ponga algo de orden después de dejar tras de sí un elenco de imprevistos saltos. Safrika tan solo quiere poner un poco de orden sus poemas salvándolos del caos. Curiosamente los poemas de Safrika no tienen nada que decir (a diferencia de los que aún siguen anclados en la Significancia), la cuestión sería más bien “¿Has sido afectado? ¿Contagiado? ¿Deslizado? ¿Ha generado algo el poema?”. Una cuestión múltiple.
Creo que muchos hemos sido afectados por sus poemas, y puede que retengamos temerosos e incluso nerviosos (como un niño que espera su turno para balancearse en el columpio) algunos fragmentos de no importa qué poema en concreto. Por supuesto hay otras Safrikas, pues ni siquiera Safrika es idéntica a Safrika y ni siquiera las otras Safrikas piensan constantemente en una inmutable Safrika de la cual tomar ejemplo. Al final, un contagio, incluso imperceptible, pero al final un comienzo. Después de haber sido afectado a través del otro lado de su espejo, sólo puedo agradecerle que dispusiera en mí un acceso indirecto a un territorio en el que la poesía todavía es libre, todavía es salvaje (con ligera complicidad y de una forma terriblemente bella y violenta).
Safrika, reitero, es otra-otras, nadie que pueda ser sometida a la señalización con el dedo índice. Si a Safrika se le dice: “Eres tú”, ella balbucea…”Yo…eh…Yo…eh…” y sonríe. Esa suspensión de la sonrisa nerviosa implícita entre el “Yo” y el “eh”. Safrika es puro afecto al peinar y despeinar el cabello que siempre se desprende del cerebro.
*Blog de Safrika.
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