Bufu


Verdad y Moral metódica
Abril 27, 2008, 11:31 pm
Archivado en: foucault, ontología, pensamiento

La verdad como error

Fuera introducciones y demostraciones a través del Método Científico-Filosófico. Golpeémonos en esta zona concreta. La verdad es un error. Error en el proceso, error ante el proceso. Proceso de disposición enunciativa. No supongamos que esto que escribo encubre una cierta Verdad. Imaginemos tan sólo un misil tierra-aire que se acaba de lanzar. Lanzar, este acontecimiento ni es Verdadero ni es Falso. Aniquila la dualidad desde su transversalidad donde se inscribe. La Verdad debe justificar todo lo dicho, hecho y sentido. La Verdad necesita instaurarse como Juez Supremo ante el Tribunal de la Razón. Sometimiento. Es un error, y se paga caro. Una vida no se somete, no totalmente. Huecos. Jerarquía de los Verdaderos. Y entre cada Verdad y Falsedad opresoras, zonas de inmanencia que resuenan y le hacen burla. La pirámide es el gran paraguas, puede que ahora tal paraguas haya mutado a sombrero hongo. Nos cubre la cabeza. De cualquier forma, no cubre las orejas, boca, nariz, ojos, ni toda la superficie dérmica.

Tenemos detrás ese fantasma ese fantasma que nos advierte: “Asegúrate de que eso es verdad-Verdad”. Inquisición subliminal. Advertencia, si, pero… ¿no será porque la Advertencia quiere desacelerar el movimiento y sembramos en el campo coordenante Verdadero-Falso? ¿Acaso no nos quiere situar ahí precisamente a modo de una estrategia para dar jaque rey?

Algo debe haber tras esta Advertencia, más allá del posicionamiento. Códigos de conducta. Directrices. Senderos asfaltados de moralina.

Entendemos entonces que, genealógicamente, se desvele la relación cuyos términos son intercambiables en la dualidad Verdadero/Falso > Verdadero/Bueno > Falso/Malo. Eliminación de las intensidades y gradaciones que se petrifican en el cuerpo. Todavía la pregunta de si en este texto subyace una Verdad, a modo de necesidad. Todavía en la coordinación binaria. Este texto es a-moral, a-significante, a-necesario. Este texto surge de la tierra, sonríe a la lombriz mojada y vuelve a enterrarse y, si tiene suerte, conecta y baila impercetiblemente underground.

Hay gallina y huevo. Hay Moral y Verdad. Tenemos la opción de puntualizar verdades que no se organizan, sino que fluyen y se inscriben en el cuerpo poblado por intensidades. La verdad inorgánica es el punto de vista que surca el movimiento en un segmento concreto. Por el contrario, la Verdad (organizada, jerárquica, aristocrática, “culta”) somete cualquier movimiento a una línea vertical que lo corta y lo aísla. Macabra amputación. Ese desgraciado y antipático corte analiza la intensidad X en el momento M, y observa su tabla de medición de Verdad, cuyas X son todas iguales y cuyas M se desvanecen en la cronométrica que se mira vanidosamente a sí misma.

Podríamos decir que, la Verdad instaura un modelo de bucle coordenante. La Verdad es establecida por la imagen del pensamiento que se responde a sí mismo gracias a una pregunta cuya respuesta ya estaba contenida en la interrogación. Si lo que es Verdad hoy, mañana es Falso, sólo tiene que cambiar las coordenadas de su bucle e instaurarlo como Fundamento-Base e inscribir, a partir de lo Falso en lo que prevalece su relación con lo Verdadero, la nueva Verdad.

En estas circunstancias, intuimos un hedor que cuestiona activamente aunque sea por unos “segundos”, este Fundamento-Base o Fundamentación-Básica. ¿Cómo salir pues, del bucle? Reiniciando la máquina.



Verdades orgánicas
Febrero 27, 2008, 1:00 pm
Archivado en: Arqueología, Método, filosofia, foucault, verdad


Fuera introducciones y demostraciones a través del Método Científico-Filosófico. Golpeémonos en esta zona concreta. La verdad es un error. Error en el proceso, error ante el proceso. Proceso de disposición enunciativa. No supongamos que esto que escribo encubre una cierta Verdad. Imaginemos tan sólo un misil tierra-aire que se acaba de lanzar. Lanzar, este acontecimiento ni es Verdadero ni es Falso. Aniquila la dualidad desde su transversalidad donde se inscribe. La Verdad debe justificar todo lo dicho, hecho y sentido. La Verdad necesita instaurarse como Juez Supremo ante el Tribunal de la Razón. Sometimiento. Es un error, y se paga caro. Una vida no se somete, no totalmente. Huecos. Jerarquía de los Verdaderos. Y entre cada Verdad y Falsedad opresoras, zonas de inmanencia que resuenan y le hacen burla. La pirámide es el gran paraguas, puede que ahora tal paraguas haya mutado a sombrero hongo. Nos cubre la cabeza. De cualquier forma, no cubre las orejas, boca, nariz, ojos, ni toda la superficie dérmica.

Tenemos detrás ese fantasma ese fantasma que nos advierte: “Asegúrate de que eso es verdad-Verdad”. Inquisición subliminal. Advertencia, si, pero… ¿no será porque la Advertencia quiere desacelerar el movimiento y sembramos en el campo coordenante Verdadero-Falso? ¿Acaso no nos quiere situar ahí precisamente a modo de una estrategia para dar jaque rey? Algo debe haber tras esta Advertencia, más allá del posicionamiento. Códigos de conducta. Directrices. Senderos asfaltados de moralina.

Entendemos entonces que, genealógicamente, se desvele la relación cuyos términos son intercambiables en la dualidad Verdadero/Falso > Verdadero/Bueno > Falso/Malo. Eliminación de las intensidades y gradaciones que se petrifican en el cuerpo. Todavía la pregunta de si en este texto subyace una Verdad, a modo de necesidad. Todavía en la coordinación binaria. Este texto es a-moral, a-significante, a-necesario. Este texto surge de la tierra, sonríe a la lombriz mojada y vuelve a enterrarse y, si tiene suerte, conecta y baila impercetiblemente underground.

Hay gallina y huevo. Hay Moral y Verdad. Tenemos la opción de puntualizar verdades que no se organizan, sino que fluyen y se inscriben en el cuerpo poblado por intensidades. La verdad inorgánica es el punto de vista que surca el movimiento en un segmento concreto. Por el contrario, la Verdad (organizada, jerárquica, aristocrática, “culta”) somete cualquier movimiento a una línea vertical que lo corta y lo aísla. Macabra amputación. Ese desgraciado y antipático corte analiza la intensidad X en el momento M, y observa su tabla de medición de Verdad, cuyas X son todas iguales y cuyas M se desvanecen en la cronométrica que se mira vanidosamente a sí misma.

Podríamos decir que, la Verdad instaura un modelo de bucle coordenante. La Verdad es establecida por la imagen del pensamiento que se responde a sí mismo gracias a una pregunta cuya respuesta ya estaba contenida en la interrogación. Si lo que es Verdad hoy, mañana es Falso, sólo tiene que cambiar las coordenadas de su bucle e instaurarlo como Fundamento-Base e inscribir, a partir de lo Falso en lo que prevalece su relación con lo Verdadero, la nueva Verdad.

En estas circunstancias, intuimos un hedor que cuestiona activamente aunque sea por unos “segundos”, este Fundamento-Base o Fundamentación-Básica. ¿Cómo salir pues, del bucle? Reiniciando la máquina.