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Estamos “pensando” con imagen, sin fiesta, sin salidas ni entradas.
El new age no es tan ingenuo como se podría argüir a simple visa. Ofrece entradas, salidas, imágenes coloridas y mucho de transformación de la psicología yoica. Sea como fuere, es una mercancía del pensamiento con difusa imagen. Pedirle al movimiento new age que sea riguroso en sus planteamientos y aserciones es ser bastante poco riguroso en la demanda. Acusarle de ser un movimiento vacío es tan vacuo como decir que la filosofía es “reflexión sobre las cosas”.
El new age puede ser todo lo que queramos que sea. Puede que venga a suplir la ¿carencia? de espiritualidad –cristiana o no- occidental, puede que se trate de una táctica de dispersión mental o de canalización e incluso castración de la curiosidad. La curiosidad no mata al gato, sino que alegremente deviene gato: Silencioso y preciso, nocturno y con 7 vidas resumidas en una. Pero Babilonia es demasiado vasta para saber lo que se cuece en los rodapiés de sus decorados muros. Nos llega información dispersa, pero si sentimos curiosidad, obtendremos como premio una rizomática de la curiosidad. Espíritu gatuno. Nos llama la atención el signo de la flor de loto, después la calva del monje, después la tranquilidad y tensión sumergida –el claroscuro- y emerge algo realmente importante: La pregunta del funcionamiento del monje zen y su acoplamiento al bastón ¿o es el bastón el que se acopla?
La música new age tampoco es naïf en sí misma. En efecto, si una persona llega cansada del trabajo y pone “música de relajación/meditación” no va a llegar a comprender que no basta que en la carátula del álbum aparezcan tales palabras, sino que la música es acompañante, es decir, la relajación o meditación no se producen por la escucha de una determinada canción o tag musical. Debe haber algo más pero no más allá. Tampoco nos “cambiaremos” a nosotros mismos, escuchando este tipo de música o comprando el libro zen de moda, entre otras cosas porque no reside ahí la cuestión. El yo está demasiado bien atado –sujeto- por mecanismos de subjetivación molares semiocapitalistas. Y sí, es algo más complejo que seguir o aplicar al pie de la letra la Autoayuda vendida como mística mezclada con rancio conductismo, al igual que usar el reiki-usui para el business. Esto que se ha dicho corresponde más bien a la coolnomy más que al new age propiamente dicho, aunque no se aleja demasiado de éste último [Véase el descarado intento de “flip” negativo en el libro Funky Business].
Volvamos de nuevo al pensamiento sin imagen. Dice Deleuze:
“Nada ha cambiado, la diferencia sigue afectada por una maldición, solamente se han descubierto medios más sutiles y más sublimes de hacerla expiar, o de someterla, de contenerla bajo las categorías de la representación” (DR, p.338)
Entendemos ahora mejor lo que decíamos a lo largo de este texto, pero si bien el new age tiene componentes representativos, también él mismo deja una zona libre para pensar su no-imagen. Observamos el fenómeno que se da no ya en el new age, sino en cualquier ámbito de la coolnomy, la facilidad de introducir cualquier cosa en otra para venderla como vía alternativa (obviamente falsa alternativa):
“Por eso, la verdadera formula del Cogito [añado aquí que también es fórmula de la coolnomy y el positivismo*] es: yo pienso, y pensándome a mí mismo, pienso el objeto cualquier al que refiero la diversidad representada” (K, Cap. 1)
Me atrevo a decir que incluso la física cuántica tiene mayor potencialización de pensamiento sin imagen que la filosofía de hoy día, la cual se vende como mera alternativa de relleno del tiempo de ocio y como afianzamiento de valores que en sí son etéreos.
Cuando me refería a la curiosidad, se agrega a ella una pulsión semiótica. ¿Y dónde hallar signos si no es en el Cuerpo-Afuera? Es fatal proceder a elaborar un pensamiento de representación, pues en vez de aliarnos con los signos, los condenamos, los mutilamos y construimos un modelo. Que de no debamos quedar seducidos por el modelo y la búsqueda de la Verdad Perdida [Nunca se perdió, no es cuestión de buscarla, así como tampoco la poseemos en exclusiva y para siempre] no se sigue que la opción sea decantarnos por la arbitrariedad y el snobismo mental.
No se trata de sustituir el modelo-raíz por la posse dispersa y narcisista. Lo que tenemos ante nuestros sentidos, cuerpo, cerebro interactúa y procede por otras vías, otras voces. Entonces, ¿es el new age como mercancía el final de toda filosofía o fiesta cósmica? Sólo lo será si lo vemos como inservible, como absoluto detritus, vacío e irracional [en el sentido de carencia de rigor científico…]. Separamos la miga del trigo y tengamos prudencia a la hora de calificar de A o B tal o cual dispositivo de control. Precisamente si aceptamos el fin del new age como relleno canalizar del ocio veremos también que en su propia consistencia qua mercancía policial late su descontrol. La propia mercancía entra en contacto con inconscientes piratas. No siempre sucede, pero el siempre es cuestión de fabricar más contactos. Gato negro, brujería andrógina frente a la pretensión semiocapitalista.
El inconsciente pirata piratea el sacro valor de la mercancía. Si su valor es funcionalmente nulo, es capaz de transmutarla cual alquimista, no en oro, pero sí en algo apreciado para él, lanzando nuevas pulsiones, nuevas Disposiciones y asaltos sigilosos a las diferentes secciones de la librería de turno, por ejemplo.
“Habla para que te pueda ver”: Beckett, el polizón del silencio entre palabras, sin dejar de darles la espalda ni un segundo.
Está claro que hay verdaderas estupideces en formato digital o impreso por doquier e incluso en nuestro querido cuarto de baño. ¿Debemos huir como de la peste de estas estupideces? ¿Tenemos acaso miedo de contagiarnos, de comercializarnos? ¿Tiene acaso un pirata miedo a un barco de la flota real? Conoce a tu enemigo. ¿Cómo salir ileso y con tesoros si nos refugiamos en la comodidad de un determinado y preciso número de filósofos, artistas, científicos, médiums, brujos/as, chamanes, por geniales que estos sean?
¿Cómo esquivar el pisotón de la Gran Máquina si nunca vemos sus pies ni nos situamos bajo ellos? David Vs Goliat.
Esta actitud es francamente snob, reaccionaria, cobarde, burguesa, así como new-ager simplista. Parece como si realmente nos cubriésemos de gloria y portásemos un escudo protector sin salir a la batalla o participar en alguna guerrilla de nuestros particulares ghettos. Parece como si, a fin de cuentas, solo nos interesen bellas palabras y leer a X, Y, Z como si de resolver un crucigrama se tratara. El margen de maniobra lo reducimos a “detener” el devenir.
No hay fórmula ni código para devenir “a” o devenir “b” o “a” + “b”. No hay receta para llegar al devenir. El devenir no tiene un fin establecido, ni lo pretende. Creer que sí existen códigos es aquí una contradicción peligrosa. El pensamiento con imagen se queda en pensamiento con estandarte y retrato… ¡vuelta a la rostridad!
Sólo nos queda, en este humilde rincón del dondesea, decir que el new age y el pensamiento retratado tienen más cosas en común de las que a priori podrían cuantificarse. Pero de nuevo, en ese pensamiento retratado y crucigramado existe la posibilidad de virtualizarlo (Lévy) y destruir el camino amurallado, hacerle un boquete y danzar de nuevo en un prado semiótico, no exento en cualquier caso de peligros, así como de satisfacciones.
Es, a fin de cuentas, lo que la caosmosis siempre larvaria ejecuta recorre en aquello que decidimos cerrar y empaquetar de una vez por todas.
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*Los corchetes, obviamente, son míos.

Fuera introducciones y demostraciones a través del Método Científico-Filosófico. Golpeémonos en esta zona concreta. La verdad es un error. Error en el proceso, error ante el proceso. Proceso de disposición enunciativa. No supongamos que esto que escribo encubre una cierta Verdad. Imaginemos tan sólo un misil tierra-aire que se acaba de lanzar. Lanzar, este acontecimiento ni es Verdadero ni es Falso. Aniquila la dualidad desde su transversalidad donde se inscribe. La Verdad debe justificar todo lo dicho, hecho y sentido. La Verdad necesita instaurarse como Juez Supremo ante el Tribunal de la Razón. Sometimiento. Es un error, y se paga caro. Una vida no se somete, no totalmente. Huecos. Jerarquía de los Verdaderos. Y entre cada Verdad y Falsedad opresoras, zonas de inmanencia que resuenan y le hacen burla. La pirámide es el gran paraguas, puede que ahora tal paraguas haya mutado a sombrero hongo. Nos cubre la cabeza. De cualquier forma, no cubre las orejas, boca, nariz, ojos, ni toda la superficie dérmica.
Tenemos detrás ese fantasma ese fantasma que nos advierte: “Asegúrate de que eso es verdad-Verdad”. Inquisición subliminal. Advertencia, si, pero… ¿no será porque la Advertencia quiere desacelerar el movimiento y sembramos en el campo coordenante Verdadero-Falso? ¿Acaso no nos quiere situar ahí precisamente a modo de una estrategia para dar jaque rey? Algo debe haber tras esta Advertencia, más allá del posicionamiento. Códigos de conducta. Directrices. Senderos asfaltados de moralina.
Entendemos entonces que, genealógicamente, se desvele la relación cuyos términos son intercambiables en la dualidad Verdadero/Falso > Verdadero/Bueno > Falso/Malo. Eliminación de las intensidades y gradaciones que se petrifican en el cuerpo. Todavía la pregunta de si en este texto subyace una Verdad, a modo de necesidad. Todavía en la coordinación binaria. Este texto es a-moral, a-significante, a-necesario. Este texto surge de la tierra, sonríe a la lombriz mojada y vuelve a enterrarse y, si tiene suerte, conecta y baila impercetiblemente underground.
Hay gallina y huevo. Hay Moral y Verdad. Tenemos la opción de puntualizar verdades que no se organizan, sino que fluyen y se inscriben en el cuerpo poblado por intensidades. La verdad inorgánica es el punto de vista que surca el movimiento en un segmento concreto. Por el contrario, la Verdad (organizada, jerárquica, aristocrática, “culta”) somete cualquier movimiento a una línea vertical que lo corta y lo aísla. Macabra amputación. Ese desgraciado y antipático corte analiza la intensidad X en el momento M, y observa su tabla de medición de Verdad, cuyas X son todas iguales y cuyas M se desvanecen en la cronométrica que se mira vanidosamente a sí misma.
Podríamos decir que, la Verdad instaura un modelo de bucle coordenante. La Verdad es establecida por la imagen del pensamiento que se responde a sí mismo gracias a una pregunta cuya respuesta ya estaba contenida en la interrogación. Si lo que es Verdad hoy, mañana es Falso, sólo tiene que cambiar las coordenadas de su bucle e instaurarlo como Fundamento-Base e inscribir, a partir de lo Falso en lo que prevalece su relación con lo Verdadero, la nueva Verdad.
En estas circunstancias, intuimos un hedor que cuestiona activamente aunque sea por unos “segundos”, este Fundamento-Base o Fundamentación-Básica. ¿Cómo salir pues, del bucle? Reiniciando la máquina.
