Bufu


El ocaso de la poesía hoy
Junio 25, 2008, 7:20 pm
Archivado en: mercado, poesía, underground

No hay marcha atrás. Ni siquiera sabemos si la poesía ha muerto o simplemente languidece entre cúmulos de porquería snuff o poetas que se dejan la piel de su córtex afectivo-transmisor para esfumarse no en el anonimato, sino en la fosa común de los no elegidos. Tengamos claro de una vez que ahora la poesía pertenece al mercado, aunque no sea por derecho. No digo toda poesía sea hija predilecta del bombo publicitario hippie-snob, sino que le pertenece al menos la poesía como sombra de stand empresarial.

Ante el gesto despótico de un staff anodino y los gestos en rostros al asistir a un recital de poesía como márketing, la poesía del trono de los poetas está aconteciendo de manera tan sutil y pérfida que nos cuelan ya el código deontológico del todo vale insípido con tal de que tú compres ESTO.

Es sencillamente un sutil-imperialismo que no quisiera –hablo por mí- que extendiera sus tentáculos. Conceder a las masas el deleite de poder escuchar de viva voz unaos versos que arrastran la uña sobre la pizarra, qué generosidad. Y gusta. Este deleite se injerta precisamente porque nos quedan pocos nodos de creatividad en los que creer todavía, no en lo “humano que se pierde” sino en la autopóiesis más radical.

Dado que acostumbramos a hacer nuestros oídos con sonidos piratas, lo mejor que la masa debe hacer –me incluyo en ella, obviamente- es colocarse en la fragata imperial que lleva por nombre LAXA.

Defecar versos y defecarlos cuanto antes. Defeco, luego lo huelo, lo oléis. Quick & self excitation/suffocation.

Sí, hace tiempo que creo en la maldad del binomio Estado-Mercado, afortunadamente este creer tiene fuerza y base, a pesar de que muchos cabezas huecas autoproclamados de “izquierda” perviertan esta resistencia o lucha en pro de alianzas absurdas o de aislamientos nada efectivos. Pero no descuidemos todo esto y hacer absolutismo cuando de cualquier forma hay mercenarios con nombres y apellidos que succionan todo halo vital, en este caso, poético.

Dejemos a las performances en paz, defecar no es en sí una performance y tampoco defecar versos es un acercamiento a la performance. Digámoslo claro, miles de poetas se venden. Pero esto no importa demasiado. Importa qué venden y cómo lo venden. De entrada un poeta no puede, por sí mismo venderse. Ha de hacerse vender, producto. Y, gracias a Discordia, malas hierbas de olor a jazmín brotan entre las ediciones de tapa snoBrutal.

Poesía contra bacterias y bacterias travestidas. Ésta poesía es una poesía vírica no comercial, sino marcial, tampoco se vende, sino que genera afiliados en un grupo acéfalo poético. No se financia la causa, no hay causa, no hay beneficio que invertir si no es en poder seguir editando e infectando. Se facilita la inyección de anti-capitalina en la propia red editorial.

El ejemplar real de “Poesía contra bacterias” en soledad en la mesa, en la repisa de la tienda. Frente a él, la fotografía, el staff estéril por vocación y el stand desafiante. David Sarrión es el nuevo profeta. Sarro en los dientes de una quijada incapaz de morder.

Poesía contra bacterias y poetas hackers produciendo el estilo, el beau-geste. Tan romántico como el amor cortés, tan sucio como el beat exiliado, tan impío como el filibustero.

Parece que solo queda poesía para hablar vagamente de sexo por y para crear expectación de ventas. La finalidad de molestar la vista, el tiempo y al resto. Una para-poesía que intriga en la cultura del Sida emotivo y de la hepatitis pseudofolclórica.

Entre tanto, en algún lugar de este u otro espacio se celebran ritos poéticos de des-purificación y de in-sanación salvaje. Eso consuela, pero no basta. Hay que levantar al hermano verso caído en las garras del Mercado.



Safrika o lo silvestre
Mayo 20, 2008, 4:37 pm
Archivado en: Arte, autopoiesis, poesía, underground

“Me cuesta mucho sentarme “a escribir”. No tengo esa constancia del escritor, yo lo hago por impulso, una especie de click, muy rápido.”

Safrika

Trataré de ser breve y conciso. La poesía de Safrika no tiene nada que ver con Safrika. Es Safrika quien llega a ser el propio movimiento de una poesía.

Desde que conocí a Safrika (desafortunadamente aún no en persona) una apertura de lanzamiento se insertó en mi cerebro-pantalla. Recuerdo haber leído los poemas recogidos –o lanzados- en su web “Safrika se peina y se despeina”, y he aquí que el peine ha resultado ser también peine para despeinarse sin necesidad de tenerlo en la mano. Peinarse y despeinarse, ése es el movimiento de Patricia, o más bien de Safrika o más bien de ese cabello.
En cierto modo, lo que Safrika ha introducido en el panorama de la poesía net-underground o simplemente suzia es un movimiento de extraño infinitivismo, de partículas infinitivas insertándolas en la cópula. Como resultado, una disposición de poemas en los que el sexo y el erotismo no son motores sino motorizados a través de pronombres personales que se confunden entre sí y éstos a su vez motorizan acoplándose a las líneas escondidas del poema. Es precisamente esta continua confluencia de llegar a ser otro y que no es de ningún modo personalizable.

Parece que en Safrika hay un componente de constante querer poner orden. Se espera que el poema ponga algo de orden después de dejar tras de sí un elenco de imprevistos saltos. Safrika tan solo quiere poner un poco de orden sus poemas salvándolos del caos. Curiosamente los poemas de Safrika no tienen nada que decir (a diferencia de los que aún siguen anclados en la Significancia), la cuestión sería más bien “¿Has sido afectado? ¿Contagiado? ¿Deslizado? ¿Ha generado algo el poema?”. Una cuestión múltiple.

Creo que muchos hemos sido afectados por sus poemas, y puede que retengamos temerosos e incluso nerviosos (como un niño que espera su turno para balancearse en el columpio) algunos fragmentos de no importa qué poema en concreto. Por supuesto hay otras Safrikas, pues ni siquiera Safrika es idéntica a Safrika y ni siquiera las otras Safrikas piensan constantemente en una inmutable Safrika de la cual tomar ejemplo. Al final, un contagio, incluso imperceptible, pero al final un comienzo. Después de haber sido afectado a través del otro lado de su espejo, sólo puedo agradecerle que dispusiera en mí un acceso indirecto a un territorio en el que la poesía todavía es libre, todavía es salvaje (con ligera complicidad y de una forma terriblemente bella y violenta).

Safrika, reitero, es otra-otras, nadie que pueda ser sometida a la señalización con el dedo índice. Si a Safrika se le dice: “Eres tú”, ella balbucea…”Yo…eh…Yo…eh…” y sonríe. Esa suspensión de la sonrisa nerviosa implícita entre el “Yo” y el “eh”. Safrika es puro afecto al peinar y despeinar el cabello que siempre se desprende del cerebro.

*Blog de Safrika.



Safrika o lo silvestre
Abril 28, 2008, 10:21 am
Archivado en: poesía, underground

“Me cuesta mucho sentarme “a escribir”. No tengo esa constancia del escritor, yo lo hago por impulso, una especie de click, muy rápido.”


Safrika

Trataré de ser breve y conciso. La poesía de Safrika no tiene nada que ver con Safrika. Es Safrika quien llega a ser el propio movimiento de una poesía.

Desde que conocí a Safrika (desafortunadamente aún no en persona) una apertura de lanzamiento se insertó en mi cerebro-pantalla. Recuerdo haber leído los poemas recogidos –o lanzados- en su web “Safrika se peina y se despeina”, y he aquí que el peine ha resultado ser también peine para despeinarse sin necesidad de tenerlo en la mano. Peinarse y despeinarse, ése es el movimiento de Patricia, o más bien de Safrika o más bien de ese cabello.
En cierto modo, lo que Safrika ha introducido en el panorama de la poesía net-underground o simplemente suzia es un movimiento de extraño infinitivismo, de partículas infinitivas insertándolas en la cópula. Como resultado, una disposición de poemas en los que el sexo y el erotismo no son motores sino motorizados a través de pronombres personales que se confunden entre sí y éstos a su vez motorizan acoplándose a las líneas escondidas del poema. Es precisamente esta continua confluencia de llegar a ser otro y que no es de ningún modo personalizable.

Parece que en Safrika hay un componente de constante querer poner orden. Se espera que el poema ponga algo de orden después de dejar tras de sí un elenco de imprevistos saltos. Safrika tan solo quiere poner un poco de orden sus poemas salvándolos del caos. Curiosamente los poemas de Safrika no tienen nada que decir (a diferencia de los que aún siguen anclados en la Significancia), la cuestión sería más bien “¿Has sido afectado? ¿Contagiado? ¿Deslizado? ¿Ha generado algo el poema?”. Una cuestión múltiple.

Creo que muchos hemos sido afectados por sus poemas, y puede que retengamos temerosos e incluso nerviosos (como un niño que espera su turno para balancearse en el columpio) algunos fragmentos de no importa qué poema en concreto. Por supuesto hay otras Safrikas, pues ni siquiera Safrika es idéntica a Safrika y ni siquiera las otras Safrikas piensan constantemente en una inmutable Safrika de la cual tomar ejemplo. Al final, un contagio, incluso imperceptible, pero al final un comienzo. Después de haber sido afectado a través del otro lado de su espejo, sólo puedo agradecerle que dispusiera en mí un acceso indirecto a un territorio en el que la poesía todavía es libre, todavía es salvaje (con ligera complicidad y de una forma terriblemente bella y violenta).

Safrika, reitero, es otra-otras, nadie que pueda ser sometida a la señalización con el dedo índice. Si a Safrika se le dice: “Eres tú”, ella balbucea…”Yo…eh…Yo…eh…” y sonríe. Esa suspensión de la sonrisa nerviosa implícita entre el “Yo” y el “eh”. Safrika es puro afecto al peinar y despeinar el cabello que siempre se desprende del cerebro.

*Blog de Safrika.