Bufu


U : Dreamz . Micropoiesis y guerrilla suburbial

No podemos consolarnos. Tampoco tenemos para ello, pues toda nuestra fuerza está recubierta de mantecosos esfuerzos dirigidos a ejecutar fines concretos automatizados. Las fuerzas o se toman como afección plural y dinámica o corremos el riesgo de caer en el romanticismo residual: Existiría un mundo mejor que este.

Todos los mundos están en este, y este es el mejor de los mundos. El mundo ni se crea ni se destruye, se trasforma, muta y con él muta todo territorio que se le interponga o resista. Mundo capitalista, comunista o socialdemócrata, humanitario o tiránico o apocalíptico o paranoico, sí. Es la lucha del Mundo por el mundo. El mundo es la tierra de los territorios. Aislarse por completo es tan irresponsable como suicida, quedar absorbido por el ruido de la Gran Máquina es querer que el mundo no se mueva por costumbrismo de no alcanzar a ver movimiento alguno. Estar entre el mundo, tan cerca y tan lejos. Cada día que pasa yo no es el cielo el que no puede esperar, sino estas máquinas ávidas (programadas) de porno duro y de ganas de gritar aun cuando nadie pueda ser escuchado en la Pornosfera. Todo es grito, todo es silencio gritado. Todo grito es también silenciado. Es la sombra perfecta, la oscuridad total, el eclipse de tierra y la epopeya televisada.

BIOPUNK, DO YOU REMEMBER?

Occ-Riente ha generado una serie de dispositivos emisores de signos hipercodificados con un fin tan directo y obsceno que lo único que alcanzamos a sentir es la estela de lo ya pasado como inductor de potencialización del lanzamiento del nuevo producto-carga semiótica. Y esto sucede en la corteza cerebral del mercado global. Pero adentrándonos en la lonja molecular la cosa no está mucho mejor. Una vez bajo el Significante Grupal, los signos libres, sean emitidos, creados o lanzados son atraídos por lo magnético de la holopolaridad del mundo capitalista. El gran imán. Es difícil, por ejemplo, crear sonidos o captarlos y modelarlos a la manera de restive y no caer en la seducción de la (anti)productora de turno que la convierte en mercancía. Es lo opuesto a la oportunidad, es el solapado y absorción de toda posibilidad micropoiética. Llamamos micropoiesis a la generación y modulación maquínica de nuevas formas e intensidades estéticas que se interponen entre la partícula y la molécula, entre lo particular y lo molecular. “Son los organismos quienes mueren, no la vida”, dice Deleuze, y en el devenir de cada ser singular deben surgir agenciamientos que posibiliten el estrechamiento de lazos entre la molecularidad rebelde y deseante y los dispositivos concretos de dichos seres.

La micropoiesis actúa en lo infracosmopolita, en las interferencias de los vídeos-imágenes, en el espaciado de silencio de una canción, en el momento en que vamos a parar el despertador y dudamos sobre si deberíamos o nos apetece hacerlo o no. Algo chirría desde dentro por un desgarro en el Afuera. Hay que captar los signos que nuestro propio cuerpo recibe-genera-recibe en esos momentos y modularlo, viajar con ellos.

Sí, nuestra rutina puede ser incluso nuestra mejor aliada si sabemos interactuar en ella, en sus pliegues, en ritornelos que encienden esa “bombilla” que tendemos a apagar cuanto antes para no despertar a nuestras aletargadas neuronas. La micropoiesis implica devenires biopunks. No ya en el plano de la ciencia-ficción, que también y es efectivamente importante, sino en una apuesta clara por ir desarrollando nuestra alquimia existencial.

NO TIME TO CRY

¿Cómo podemos si quiera llorar si cada lágrima que se va formando en nuestros ojos está pegada a la pantalla semiocapitalista del “o-y-o-y-o-y-o”? La televisión es extremo de una rueda dentada más de la Gran Máquina, pero no controla tal y como creemos: No a través de fomentar tal o cual idea política o religiosa. Es sin duda el alentar por lo bajo, a pleno volumen, el neo-criminalismo. Crear criminales para mantener el control.

La abyecta y angustiasa repetición de la información-mórbida-obsesiva impulsa al espectador a adecuarse al ambiente hostil que VE, siente y padece: guerras, hambres, racismos, paro, inmigración, asesinatos…Se nos normaliza. Esta es la norma, para todos los días. Pero si pasa todos los días, ¿por qué es noticia? Sólo es noticia porque se debe hacer notar. Dicho de otro modo: nuestro cerebro tiene que inmunizarse frente a las atrocidades y abyecciones diarias, pues de lo contrario no podría ser normalizado y tampoco podría soportar el peso de tamaña nube de imágenes estratégicamente modalizadas.

Es del todo normal que la psiquiatría, en vez de abrir sendas de investigación en la química cerebral y demás, se cierre y aísle el cerebro-cuerpo asignándole un contexto familiar-laboral estático y relacionalmente medible ( A fin de cuentas, es una cuestión de tránsito Edípico).

Con mayor frecuencia brotan y b(r)otan y rebrotan ataques de pánico, ansiedad, claustrofobias [ser el televisor], agorafobias [vivir en televisión], agresividad in crescendo [zapping infernal mental], aislamiento progresivo [rendirse ante lo televisivo inconscientemente], etc. No queremos hacer un psicoanálisis del sujeto espectador, sino una grossa cartografía del nudo-enclave televisivo: La repetición televisiva genera inanidad neuro-emocional. Pero al apagar la TV no apagamos lo televisado. La normalidad de la que hablábamos antes sale hacia afuera como pura destrucción, descontrol casi total. No importa de qué, hay que repetir, hay que vivirlo. Con la televisión entramos en lo simulado y en lo televisado nos conduce a televisionar emulando la simulación. La primacía de múltiples imágenes totalizantes-policía sobre todo lo demás.

INTERFERENCIAS

El semiocapitalismo ha introducido la “o-“en la máquina deseante. Formación de cadena disyuntiva-conjuntiva. “o-y-o-y-o-y-o”. Yoyó. Yo y yo. El Yo y el yo. ¿Consumo de A o B? Consumo de A y/o B: Consumo de C, finalmente. Tenemos al final que consumirlo todo, absolutamente todo. La conjunción deseante sólo podrá salvarse del voraz porno si es capaz de bifurcarse de su amo encadenante. Generar un territorio donde la “y” no dependa de la “-o-“. La TAZ de Bey, pero antes, el martillazo de la micropoiesis asumida, implicada, imbricada, bien como cuerpo extraño o como apéndice anal en el cuerpo.

El bien conocido 2×1 es la perversión de lo conjuntivo. Es la O Déspota en un espacio-tiempo concreto y bien planificado: (y-o-y) + (y-o-y) = O. Gigante Aparato genital digestivo.

Este es el mejor de los mundos posibles. Sí. Pero dado que el mundo se transforma, no se destruye ni se crea, debemos surcar y horadar esa senda interferencial. Metamorfosear donde se pueda las veces que se pueda. Metamorfosis molecular y devenir revoltoso. Aspirar cual cocainómano el sustrato de las intensidades vividas y comenzar con un nuevo canturreo. En el vacío sólo se oirá el eco de quien lo van llenando.

PARENTAL ADVISORY

Hakim Bey tiene mucha razón cuando reitera la estupidez de preguntarse ¿Quién es el Enemigo? Pues… ¿Acaso está dentro/fuera/alrededor de tu cuerpo/ lejos o simplemente nos hace visitas esporádicas? El Enemigo no es un Quién, sino un Cómo multiplicado, funcional y mutante. Y no importa cortar una cabeza a Medusa (al Quién) porque en realidad no se enfrenta uno con Medusa, sino con una multitud de cabezas que resurgen con más violencia y que funcionan de tal o cual manera.

Conoce a tu enemigo, pero si tienes que enfrentarte a él, ve preparado para enfrentarte a cientos de comandantes. Algunos de ellos tan sólo los hemos nombrado aquí.



New-Age y secretos del pensamiento

Estamos “pensando” con imagen, sin fiesta, sin salidas ni entradas.

El new age no es tan ingenuo como se podría argüir a simple visa. Ofrece entradas, salidas, imágenes coloridas y mucho de transformación de la psicología yoica. Sea como fuere, es una mercancía del pensamiento con difusa imagen. Pedirle al movimiento new age que sea riguroso en sus planteamientos y aserciones es ser bastante poco riguroso en la demanda. Acusarle de ser un movimiento vacío es tan vacuo como decir que la filosofía es “reflexión sobre las cosas”.

El new age puede ser todo lo que queramos que sea. Puede que venga a suplir la ¿carencia? de espiritualidad –cristiana o no- occidental, puede que se trate de una táctica de dispersión mental o de canalización e incluso castración de la curiosidad. La curiosidad no mata al gato, sino que alegremente deviene gato: Silencioso y preciso, nocturno y con 7 vidas resumidas en una. Pero Babilonia es demasiado vasta para saber lo que se cuece en los rodapiés de sus decorados muros. Nos llega información dispersa, pero si sentimos curiosidad, obtendremos como premio una rizomática de la curiosidad. Espíritu gatuno. Nos llama la atención el signo de la flor de loto, después la calva del monje, después la tranquilidad y tensión sumergida –el claroscuro- y emerge algo realmente importante: La pregunta del funcionamiento del monje zen y su acoplamiento al bastón ¿o es el bastón el que se acopla?

La música new age tampoco es naïf en sí misma. En efecto, si una persona llega cansada del trabajo y pone “música de relajación/meditación” no va a llegar a comprender que no basta que en la carátula del álbum aparezcan tales palabras, sino que la música es acompañante, es decir, la relajación o meditación no se producen por la escucha de una determinada canción o tag musical. Debe haber algo más pero no más allá. Tampoco nos “cambiaremos” a nosotros mismos, escuchando este tipo de música o comprando el libro zen de moda, entre otras cosas porque no reside ahí la cuestión. El yo está demasiado bien atado –sujeto- por mecanismos de subjetivación molares semiocapitalistas. Y sí, es algo más complejo que seguir o aplicar al pie de la letra la Autoayuda vendida como mística mezclada con rancio conductismo, al igual que usar el reiki-usui para el business. Esto que se ha dicho corresponde más bien a la coolnomy más que al new age propiamente dicho, aunque no se aleja demasiado de éste último [Véase el descarado intento de “flip” negativo en el libro Funky Business].

Volvamos de nuevo al pensamiento sin imagen. Dice Deleuze:

Nada ha cambiado, la diferencia sigue afectada por una maldición, solamente se han descubierto medios más sutiles y más sublimes de hacerla expiar, o de someterla, de contenerla bajo las categorías de la representación” (DR, p.338)

Entendemos ahora mejor lo que decíamos a lo largo de este texto, pero si bien el new age tiene componentes representativos, también él mismo deja una zona libre para pensar su no-imagen. Observamos el fenómeno que se da no ya en el new age, sino en cualquier ámbito de la coolnomy, la facilidad de introducir cualquier cosa en otra para venderla como vía alternativa (obviamente falsa alternativa):

Por eso, la verdadera formula del Cogito [añado aquí que también es fórmula de la coolnomy y el positivismo*] es: yo pienso, y pensándome a mí mismo, pienso el objeto cualquier al que refiero la diversidad representada” (K, Cap. 1)

Me atrevo a decir que incluso la física cuántica tiene mayor potencialización de pensamiento sin imagen que la filosofía de hoy día, la cual se vende como mera alternativa de relleno del tiempo de ocio y como afianzamiento de valores que en sí son etéreos.

Cuando me refería a la curiosidad, se agrega a ella una pulsión semiótica. ¿Y dónde hallar signos si no es en el Cuerpo-Afuera? Es fatal proceder a elaborar un pensamiento de representación, pues en vez de aliarnos con los signos, los condenamos, los mutilamos y construimos un modelo. Que de no debamos quedar seducidos por el modelo y la búsqueda de la Verdad Perdida [Nunca se perdió, no es cuestión de buscarla, así como tampoco la poseemos en exclusiva y para siempre] no se sigue que la opción sea decantarnos por la arbitrariedad y el snobismo mental.

No se trata de sustituir el modelo-raíz por la posse dispersa y narcisista. Lo que tenemos ante nuestros sentidos, cuerpo, cerebro interactúa y procede por otras vías, otras voces. Entonces, ¿es el new age como mercancía el final de toda filosofía o fiesta cósmica? Sólo lo será si lo vemos como inservible, como absoluto detritus, vacío e irracional [en el sentido de carencia de rigor científico…]. Separamos la miga del trigo y tengamos prudencia a la hora de calificar de A o B tal o cual dispositivo de control. Precisamente si aceptamos el fin del new age como relleno canalizar del ocio veremos también que en su propia consistencia qua mercancía policial late su descontrol. La propia mercancía entra en contacto con inconscientes piratas. No siempre sucede, pero el siempre es cuestión de fabricar más contactos. Gato negro, brujería andrógina frente a la pretensión semiocapitalista.

El inconsciente pirata piratea el sacro valor de la mercancía. Si su valor es funcionalmente nulo, es capaz de transmutarla cual alquimista, no en oro, pero sí en algo apreciado para él, lanzando nuevas pulsiones, nuevas Disposiciones y asaltos sigilosos a las diferentes secciones de la librería de turno, por ejemplo.

“Habla para que te pueda ver”: Beckett, el polizón del silencio entre palabras, sin dejar de darles la espalda ni un segundo.

Está claro que hay verdaderas estupideces en formato digital o impreso por doquier e incluso en nuestro querido cuarto de baño. ¿Debemos huir como de la peste de estas estupideces? ¿Tenemos acaso miedo de contagiarnos, de comercializarnos? ¿Tiene acaso un pirata miedo a un barco de la flota real? Conoce a tu enemigo. ¿Cómo salir ileso y con tesoros si nos refugiamos en la comodidad de un determinado y preciso número de filósofos, artistas, científicos, médiums, brujos/as, chamanes, por geniales que estos sean?

¿Cómo esquivar el pisotón de la Gran Máquina si nunca vemos sus pies ni nos situamos bajo ellos? David Vs Goliat.

Esta actitud es francamente snob, reaccionaria, cobarde, burguesa, así como new-ager simplista. Parece como si realmente nos cubriésemos de gloria y portásemos un escudo protector sin salir a la batalla o participar en alguna guerrilla de nuestros particulares ghettos. Parece como si, a fin de cuentas, solo nos interesen bellas palabras y leer a X, Y, Z como si de resolver un crucigrama se tratara. El margen de maniobra lo reducimos a “detener” el devenir.

No hay fórmula ni código para devenir “a” o devenir “b” o “a” + “b”. No hay receta para llegar al devenir. El devenir no tiene un fin establecido, ni lo pretende. Creer que sí existen códigos es aquí una contradicción peligrosa. El pensamiento con imagen se queda en pensamiento con estandarte y retrato… ¡vuelta a la rostridad!

Sólo nos queda, en este humilde rincón del dondesea, decir que el new age y el pensamiento retratado tienen más cosas en común de las que a priori podrían cuantificarse. Pero de nuevo, en ese pensamiento retratado y crucigramado existe la posibilidad de virtualizarlo (Lévy) y destruir el camino amurallado, hacerle un boquete y danzar de nuevo en un prado semiótico, no exento en cualquier caso de peligros, así como de satisfacciones.

Es, a fin de cuentas, lo que la caosmosis siempre larvaria ejecuta recorre en aquello que decidimos cerrar y empaquetar de una vez por todas.

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*Los corchetes, obviamente, son míos.